jueves, 15 de noviembre de 2007

Musharrak si, Musharraf no

La administración Bush sigue deshojando todavía la margatira, sin decidir muy bien cual debe ser su mejor estrategia a seguir en Pakistan, donde la suerte el general Musharraf -su amigo y aliado estos últimos seis años- es cuanto menos incierta. La misión del viaje a Islamabab del diplomático y segundo del ministerio de asuntos exteriores John Negroponte es todavía este jueves incierta para casi todos, a pesar de que fue en la reunión del miércoles en la Casa Blanca donde la secretaria de estado Rice y el jefe del Pentágono Gates hicieron su diagnóstico para que George Bush tuviese todas las cartas sobre la mesa. Los medios de comunicación estadounidenses se limitan a sondear fuentes que no citan para decir que la estrategia pasa por tener siempre alternativas. Una primera salida, la más inmediata, es conceder al ejercito paquistaní y a sus generales –el moderado Parvez Kayani es la alterntiva- un voto de confianza en la estabilización futura del país. Negroponte intentará tender puentes entre Musharraf y Bhuto cada vez mas imposibles porque el actual jefe del estado y del ejercito no quiere ni oir hablar de levantar el estado de emergencia. Las detenciones de los últimos días, la represión de una dictadura militar que se ve en peligro, no ayuda para que el amigo estadounidense pueda actuar sin manchase las manos. Los intereses pueden hasta resultar enfrentados, pues los combates del ejercito paquistani en las montañas y frontera del noroeste con restos del talibán y Alcaeda son al parecer desmoralizadores. Hace solo unos días se sabía que Musharraf autorizaba un intercambio de prisioneros. Veinticinco guerrilleros eran liberados a cambios de 230 soldados paquistanies detenidos el pasado agosto. La solución con Pakistán tendrá por desgracia que esperar, sin olvidarse los demócratas estadounidense -incluso algún candidato presidencial como el senador Biden- sin olvidarse de recordar que Pakistán con mas de doscientos millones de habitantes es una potencia con peligrosas y reales armas de destrucción masiva en sus mano que deberían haber preocupado mucho antes a esos halcones que tanto gustan de elaborar guerras preventivas en países a los que incluso –fue equivocado en el caso de Irak- se les supone programas nucleares que luego resultan inexistentes.