martes, 9 de enero de 2007

LA BABEL DEL ESPAÑOL

Como un curí haciendo las americas acabo de sentarme sobre el zacate con la esperanza de haber dejado razón en la Casa Blanca. Es increíble, pero despues de hablar durante años con la licenciada Adriana, de México, el pastuso Pablo, de Colombia, y el amigo Carlos de Perú, estoy confundido, seguramente tanto como usted amigo oyente o lector al descubrir que mi español empieza a ser pobre para desenvolverme por estos pagos. Poner el curi a la brasa es lo que hacen con singular tino los amigos colombianos, claro que si yo quiero decir que soy conejillo de indias en esta experiencia de hablar el español sin fronteras debo sentarme antes para pensarlo y si es sobre el zacate de la casa del vecino, mejor que mejor, porque la hierva en el parque de la esquina esta mojada y no hay cristiano que pueda poner la cola sobre un pastito tan pasado por agua. Ay… si fuera verdad que las palabras se las lleva el viento. Esta mañana me pedían dejar la razón en la Casa Blanca, la razón –pensé- no se deja en ninguna parte y si me la piden es quizás porque el inquilino presidente la va perdiendo con el tiempo. Me dirán que es una exageración, que todos podemos sobre entender que lo único que la amable secretaria pedía era si dejaba recado, pero quíen sabe si estaba tambien adoctrinada para intentar llegar mas lejos y luego comprometerme ante los tribunales. Estoy contento de coger palabras nuevas al vuelo cada día que pasa. COGER, como bien sabemos en España, sin alterar las leyes fisiológicas del resto de la comunidad latina donde el verbo coger se utiliza para poner en marcha conchas y picos, bien diferentes a los que vemos en playas o colocados a la vera de un camino. Hablar por hablar nunca ha salido gratis. Hay que medir o medirse, pensar si no vamos a decir ni pio y estar a la que salta. No titular que el presidente mexicano siente pena por la emigración, todo menos vergüenza reponderá Calderón –me apunta Adriana, mi amiga- pena, pena, pena… qué es pena sino vergüenza en cuanto se cruza El Paso o el Rio Colorado. Dicen que un ciudadano de Lepe estaba nervioso cuando preparaba su primer viaje a los Estados Unidos. No se inglés, repetía, no se como voy a entenderme. No te preocupes, habla despacito y seguro que te endienden. Y vaya que si funciona el consejo. Tanto que cuando en el Chinatown neoyorkino entabló conversación se encontró por fortuna con un amable interlocutor….
- Y o s o y d e L e p e… ¿y u s t e d?…
- Y o t a m b i e n d e L e p e….
- E n t o n c e s. ¿Q u é d e m o n i o s h a c e m o s h a b l a n d o e n i n g l é s?.
La historia de verdad puede ahora repetirse en cualquier lugar del ancho mundo. Solo hace falta estar preparados, porque si quien habla es Carlos riele la gracia cuando te explique un cuento de estas características: ¿Cuántos pastusos se necesitan para cambiar un bombillo? Mil: uno que lo tenga, y el resto que le den vueltas a la casa. Sobran las explicaciones, un cuento es un chiste, el pastuso es el de Pasto- el Lepe colombiano- y el supuesto español en el que todos hablamos el mismo que debemos seguir estudiando en el rincón de cada esquina.