martes, 9 de enero de 2007

IRAK, TRES AÑOS Y DIEZ MESES



La guerra contra el terrorismo de la administración Bush empezaba meses después del 11 de septiembre con la invasión de Afganistán y la caída del talibán. Estados Unidos abría la puerta hacia el Asia Central sin dejar de amenazar al iraquí Sadam Hussein a quien atribuía la posesión de programas de armas de destrucción masiva que nunca pudo demostrar. Naciones Unidas y su consejo de seguridad recibían la presión de un pais decidido –junto con sus mas fieles aliados británicos- a terminar con Sadan Husein, su beligerancia y sus oídos sordos a cualquier resolución de la ONU. La invasión de Irak –que empezaba el 20 de marzo del 2003- fue un paseo triunfal hasta incluso el primero de mayo, cuando el presidente Bush se banagloriaba desde un portaviones de una misión que daba por cumplida. El primer administrador Paul Bremer pudo saber en carne propia que la democratización era una falacia que chocaba a diario con la inseguridad y la violencia. Estados Unidos –si alguna vez tuvo un plan- se vio siempre superado por las circunstancias. El 19 de agosto de aquel primer año fue el día más negro de la postguerra con un atentado contra la mismísima sede de naciones unidas en la llamada zona verde de Bagdad. La guerra de guerrillas se ha convertido en el problemas fundamental, la insurgencia cuando no alcaeda -unos doscientos mil hombres armados y echados al monte- se han encargado de poner en evidencia la equivocación de haber desmembrado de raiz a un ejercito y a un partido a quien se le suponía lealtad exclusiva a Sadam Husein. Estados Unidos ha ido perdiendo en estos tres años y casi diez meses aliados militares –incluidos los españoles, en Irak- que sin alcanzar ni de lejos a los 140 mil soldados que hoy tiene destinados en ese país servían al menos para evitar traslados forzosos y reclutamientos in extremis de ciudadanos estadounidenses. La profesionalización de los ejércitos no ha evitado que las encuestas reflejen muy a las claras el cansancio civil por una guerra en la que han perdido la vida hasta ahora mas de 3000 jóvenes soldados, se han gastado cerca de 400 mil millones de dólares y se ha convertido en la mas larga de la historia ubna vez superada la campaña de la segunda guerra mundial. Irak tiene hoy un gobierno autónomo que –salido de la urnas de hace un año- ha tenido que bailar siempre con la mas fea y hasta vivir convencido de que no sea verdad ese fantasma que otros llaman la realidad de una guerra civil. Chiitas y sunitas, con los kurdos velando intereses, sin olvidar las muchas vinculaciones que todos depositan en líderes religiosos y las influencias internacionales son ingredientes para los que resulta difícil encontrar solución. Los países vecinos -Iran y Siria- son los primeros que tan solo por la situación geográfica- siempre se arrogan el derecho a salir en la foto. George Bush se ha empeñado en convertirlos en su particular eje del mal y ahora y de momento –si tiene algun as bajo la maga- pocas son las soluciones a las que puede echar mano. Las alegrías siempre han durado lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio. Desde las fotos de los abusos en la cárcel de Abu Graib -28 de abril del 2004- a la presencia de Estados Unidos en Irak la ha mirado un tuerto. El referéndum de octubre del 2005, las elecciones de diciembre de ese año, llevaban casi sin solución de continuidad y antes de la reelección del presidente Talabani al atentado de la mezquita de Samarra con mas de 450 muertos en febrero del 2006. En junio caía Zarqaui y el 30 del pasado diciembre era ejecutado en la horca Sadan Husein. Bush tiene encima de su mesa un memorando bipartidista en el que se le recomienda entre otras muchas cosas empezar a contemplar la vuelta a casa de sus hombres… Esta noche –cuando sea madrugada en España- todo hace suponer que el presidente de los Estados Unidos volverá a repetir que para concluir la misión hay que ganar la guerra, con más soldados y con más dinero, porque hay que dejar a Irak limpio de terroristas, con un gobierno amigo y aliado, capaz de soportar con sus fuerzas armadas su independencia y su integridad en un mundo árabe en el que ahora son dos países no árabes –Irán e Israel- los que parecen mas predispuestos a seguir escribiendo la historia .