viernes, 18 de mayo de 2007

Lo que habia detrás de Paul Wolfowitz

La burocracia de la que tanto se había quejado Paul Wolfowitz en casi sus dos años de presidencia ha sido la encargada de empapelar su despedida. Una salida airosa sobre el papel que a fin de cuentas significa un respiro para muchos directivos y departamentos. Wolfowitz no ha sabido hacer alianzas, no ha sido capaz de escuchar, de hacer equipos, de ceder… Ahora que se va, las historias que acompañan su dimision tienen nombres y apellidos. Caidos y cesados por defender otros compromisos en las forma y manera de ayudar al mundo. Antes que Wolfowitz y por Wolfowitz se fueron, entre oros, los vicepresidente para oriente medio y África, y hasta tuvo que emigrar el hoy vicepresidente de Citrigroup Asia, Shengman Zang porque su esposa trabajaba tambien en el Banco Mundial. Wolfowitz hizo la guerra por su cuenta, es al final otra historia como la que despues del 11 de septiembre vivió en el Pentagono obsesionado con Saddam Husseim. Se enfando con muchos cuando suspendia por supuesta corrupción programas en Afrcia y hoy –para sacarle los colores de su inocencia- le recuerdan la ayuda economica que había retirado a Uzbekistán solo por lo que muchos creen fue la respuesta personal en forma de castigo a que en territorio de la antigua republica soviética no abrieran los cielos a las compañía aéreas estadounidenses.
CANDIDATOS A PARES
El baile de candidatos ha empezado casi al tiempo que Paul Wolfowitz presentaba su dimision con un mes de plazo para hacer maletas y resolver los flecos pendientes –dinero y compensaciones entre ellos- antes de su definitivo adios el 340 de junio. La casa blanca hace los deberes, hasta su ministro de economia promete consensuar con sus socios el nombre del estadounidnse que sera llamado a presidir el Banco Mundial. A la broma de Tony Blair, acompañaron y siguen ahora sonando candidatos de peso. El ex de la reserva federal Paul A. Volcker y el gobnerdor del banco de Israel Stanley Fischer, judio con doble nacionalidad, llevan la delantera. El resto esperar y ver. Incluso sin descartar que los europeos puedan ser consultados con nuevo talante estadounidense en esa cumbre del G8 en la que habrá un ausente: Paul Wolfowitz. No por falta de ganas, simplemente porque después de seis semanas de negociación y desgates dan como poco para tomarse dos dias de respiro sin mirar lo que de uno dicen –de todo menos bonito- en los medios de comunicación.