sábado, 7 de abril de 2007

DE CALIFORNIA HASTA OREGON

San Francisco es la segunda ciudad mas poblada de los Estados Unidos pero tiene el encanto de no aparentarlo. El privilegio del viajero es encontarse siempre con algo nuevo, diferente a la primera vez que quiso descubrir la ciudad de las mil colinas y los diez mil escondites. San Francisco es mas que todo un puente de culturas, una ciudad que mira al mar por sus cuatro costados y que vive de ensenarse y ser admirada por los que vienen y van. La calle Lombard acabara siendo solo un pasatiempo de curvas adoquinadas para ricos, junto a la muy sugerente variedad de imagenes que ensena en pasatiempo recomendable y largo la pre-confeccionada ruta 49. La ciudad podra conocerse sin perderse casi nada con la ayuda de una guia que a veces ofrece dificutades para seguirse pero que tiene como recompense los 75 kilometros mas completos que puedan ofrecerse en una gran urbe estadounidense. Pero San Francisco, como el estado de Califonia, tiene un problema: es caro y seguramente seguira siendo cara cuando elijas visitarlo. La gasolina esta por las nubes y uno puede llegarse a imaginar porque esta parte del mundo –ella solita- podria ser la novena potencia economica del planeta sin necesidad de ahorrarse un punado de dolares cuando se llena el deposito del combustible. Aparcar en San Francisco puede ser toda una aventura, como la que se ofrece por mucho menos si se visitan sus alrededores.
ARBOLES GIGANTES, SIEMPRE LO MAS
Cruzar el Golden Gate es la puerta a descubrir los arboles mas altos que hay en el mundo. Esa es otra de las identidades de la casa: lo mas grande, lo mas alto, lo mas… siempre lo mas como regalo generoso que devuelven cada dia ciudadanos convencidos de formar parte de un imperio que puede caer como un castillo de naipes. Los terremotos de antano han dejado esta vez en la costa Oeste de los Estados Unidos el recuerdo y la advertencia del tsunami mas reciente. La salvacion viene de la montana. Y cuando Dios se acerca a la montana es capaz tambien de regalar valles angostos entre altas cumbres donde los deshielos provocan espectaculares cascadas y saltos de agua. La imagen mas fotografia del Parque Nacional de Yosemite no tiene casi nada que ver con la imagen del faro mas fotografiado del mundo en las costas del Pacifico. Esta vez la sorpresa de lo mas hay que esperar a descubrirla a cientos de kilomentros y cientos mas multiplicados por la necesidad de sortear carreteras cortadas por una nieve todavia perenne a pesar del sol radiente que acompana a una recien inaugurada primavera. Viajar de este a oeste, de sur a norte, recuperar con un GPS la ruta que un mapa no adivina se convierte en necesaria obligacion para cruzar fronteras imaginarias. Fronteras o diferencias que se borran con la ayuda de colores y logotipos, de marcas y referencias que viajan sobre camiones de reparto, que se repiten en supermercados, gangas del todo a dolar y siempre unidas por la bandera de las barras y las estrellas presente en el rincon mas recondito de un viaje que siempre puede ofrecerte un nuevo descubrimiento. Oregon ha sido y era al fin de cuentas ese destino elegido para dejar de ser –solo en mi caso-el estado natural mas desconocido. El estado de Oregon se habia convertido en esa etapa pendiente y casi llamada a ser olvidada por estar emparedado entre los dos gigantes del silicio. Califronia y Washington presumen de ser los precursores de las nuevas tecnologias, los encargados de hacernos ordenadodependientes, hombres pegados a las maquinas como marca de una revolucion que habia empezado en Silicon Valley y emigro con la familia Gates camino de Seatle sin desparramar poco mas que olas y salitres en ese cruce obligado en el que se ha quedado convertido el estado de Oregon. Mar o Montana. Esta vez fue la costa la que se gano la partida, la que quiso descubrir al viajero -con temperatura y luz ideal- los encantos y secretos que la lluvia y la neblina pueden ocultar al curioso o al viajero que pasa sin ton ni son.
DUNAS DE ARENA Y ORO
La ruta del oro acaba entre dunas que amenazan mas que los siempre temidos temblores y tsunamis a casas y pobladores. Sigue luego -o siempre- una sucesion inacabable de riscos y repechos, bosques, lagos y colinas. Rios y rias, afluentes mortecinos de lo que fueron agues bravas en pocas millas mas arriba. Y siempre arena. Esa arena o polvo de arena de playa que se mete por las ventanillas de los coches que serpentean la nacional 101, conocida tambien por el pomposo nombre de Camino Real. Una carretera -que no autopista, con la limitacion de las 55 millas siempre presente- donde la alparagata y el pantalon corto, la casa a cuestas y el camping, hasta es de sospechar que la mochila y la tienda de campana en temporadas mas altas se han convertido en obligada moneda de cambio. La costa de Oregon es al fin de cuentas una costa del quiero y no puedo, donde la belleza que se atribuye a sus pueblos es mas por suposicion que por merecida realidad. Lo mejor sus paisajes, sus mas de quinientos kilomertos espectaculares y sorprendentes. Es el Oeste sin carreteas y hoy sin otro oro que no sea el que regalan en tiendas y restaurantes cuando te presentan al cobro una cuentan sin taxas ni impuestos sobre anadidos. Tierra hoy sin indios y sin soldados. Hasta sin negros, a los que los hispanos siguen siempre y como en todas partes ganando la partida. Hasta con emigrantes como Jorge capaz de comfesar que no entiende como sus compatriotas mexicanos no han descubierto Oregon, la tierra donde mas pagan /decia explicando su experiencia de ocho anos aprendidos- aunque insuficientes sin duda para llegar a descubrir porque otros -como el- siguen llenando las alforjas de propietarios y terratenientes. Es en Oregon donde se puede ver como la madera que explotan en la segunda o tercera linea de sus bosques acaba tambien perdida en los recodos de cada playa, donde para la fortuna del vajero resulta facil hacer hogueras con las que confundir en la noche el paso de orcas o ballenas grises en su eterno peregrinar hacia aguas frias de las que suelen huir los navegantes.
CONQUISTADORES DE CRUZ Y SERMON
Navegantes que fueron en su dia espanoles, conquistadores de cruz y sermon capaces de haber puesto en la figura de fray Junipero Serra el faro de un pasado que ganaron despues a golpe de tormenta y arrojo hijos de la Gran Bretana. Capitanes como James Cook a quien veneran como primer descubridor de esas gargantas profundas que dejaron en el mar las huellas milenarias de tierras encendidas. Penascos y penotes, tierras de roca y escarpas en el borde de un oceano inmenso al que definitivamente dieron forma /con papel y lapiz, con mas imaginacion e ingenio que ciencia y tecnologia, esos aguerrtido soldados que fueorn en un principi Lewis & Clark. Soldados que acabaron ademas convertidos en los primeros geografos y comisionados presidenciales –uno ademas suicida, para dar mas realce a la historia- pero a la postre los encargados de hacer del Oeste la tierra prometida, la otra conquista no menos sangrienta y a la postre cargada de prevendas –de tierras a cambio de dolares, de regalos y de titulos de propiedad con los que la expedicion bicentenaria sigue siendo hoy un recuerdo en tierras y ciudades como las que fueron y son al final nuestro punto para la despedida. Estamos en Portland. Hemos estado en Portland, donde como en el estado de Oregon, las falacias saltan a la vista. Un templo masonico aqui, un cementiro multiconfesional alla... El cemento y las obras -como en la mar o en la montana- son tan solo una realidad de las muchas que pueden llegar a descubrirse. Detras de la primera linea, de la segunda, detras o tambien por delante de lo que presume ser la ciudad de Portland –como en el corazon del estado de Oregon, el decimo mas grande del pais- hay una ciudad de las rosas.