martes, 13 de marzo de 2007

EL INDIO GANA AL VAQUERO

Me gusta que la historia en los Estados Unidos sea como el libro gordo de Petete. Es joven y poco más que bicentenaria. No es necesario estudiar ni la lista de los reyes godos, ni lo que han sido mas de veinte siglos de andazas, incluido los otros cuantos en los que las españas anduvieron a gatas… Estados Unidos aunque diecinueve veces más grande que la península ibérica tiene –si nos comparamos con su manual de bolsillo- una historia que solo se hace grande cuando los más pequeños reconocen al poderoso… o cuando el poderoso marca sus reglas envueltas en esa sacrosanta bandera que en las sociedades modernas se llaman libertad, justicia y solidaridad. Estados Unidos es un país que lleva su historia a flor piel. No tiene memoria porque su memoria es el presente. Son los indios o los hijos de los indios que ahora marcharán hasta Afganistán en busca de Bin Laden. Los mismo Apaches, Sioux, Lakotas o Navajos que otrora costaron cabelleras y que ahora se alistan en el escuadrón "Lobos de la Sombra" para curtirse en hazañas bélicas tan delicadas como la guerra total contra el terror. Esos son los indios estadounidenses del siglo XXI, los mismo que todavía construyen en una montaña de Dakota del Sur y cerca de las cuatro caras petreas de sus presidentes, el mayor monumento que haya en el mundo al que fuera su líder indiscutible. Caballo Loco, un ganador, el jefe que tuvo contra las cuerdas al general Custer, el indio que obligo a los vaqueros a poner pies en polvorosa… Y eso tan solo un día como ayer, por no decir un día como hoy, donde sus herederos, los Navajos de Arizona y dieciocho tribus más entre las que no faltan los Hopi, los Hualapai y los Havasupai, han conseguido volver a parar los pies al hombre blanco. Empresarios de traje y corbata, emprendedores capaces de soñar con una montaña cargada de nieve, con ultimas tecnologías, a partir de aguas residuales recicladas, con todas las atenciones deportivas…Pero se olvidaron de los indios, de su montaña sagrada que ahora queda reconocida por sentencia de la novena corte del circuito de apelaciones de los Estados Unidos, que dice que Arizona Snowbowl –el proyecto del hombre blanco para la montaña sagrada india- "viola las leyes de libertad religiosa haciendo de su pretensión de usar aguas residuales sobre esas tierras lo mismo que haría el indio si tratase de mear sobre las sagradas escrituras del cristianismo".