lunes, 28 de enero de 2008

Banderas... Tenemos que aprender

Cuando viajas por trabajo, cuando tienes que mirar a tu alrededor para ver lo que puede ser de interes para ese oyente que imginas al otro lado del Atlantico, cuando vas de un lado para otro a la caza y captura de la "noticia" que esperas contar en directo y a ser posible en exclusiva, tienes la sensacion de tener un angel de la guarda a tus espaldas. Primero rezas para que no pase nada que no puedas contar porque la covertura de tu movil se haya quedado en blanco. Despues tienes la sensacion profunda de no estar en tus santos cabales, de vivir en un sueno del que puedes despertar en cualquier momento para darte de bruces con la mas cruda realidad. Que demonios hago yo en medio de este lio, en medio de una casi nada llamada Carolina del Sur, donde hay mas negros que blancos y mas silencios que ruidos con los que llenar la nueva grabadora digital que a veces ni se entiende con mi ordenador y ni mucho menos con un sistema tan anquilosado en la era prehistorica como el Mar4Win con el que se han antojado en trabajar en mi radio para poner fronteras al campo y a ese progreso que alguna vez sera la radio en internet y en directo. Estoy entre Columbia y Charleston, sigo de u lado a otro recorriendo la Carolina del Sur donde buscan votos los aspirantes democratas, y veo delante de mi una pegatina extrana en un coche modesto que conduce una mujer blanca. Estoy en mi sueno y me despierto de bruces pegado al capo de un vehiculo blanco donde una bandera de Espana y un toro en el medio delata que en su interior hay cuanto menos un ser tan extrano a todo esto como quien se sorprende de estar en un primer mundo al que no ha llegado ese progreso que se traduce de inmediato en ver sobre mi movil el servidor telefonico de T-Mobile o la convertura que a priori me habia garantizado el servicio de conexion inalambrica para alta velocidad de Sprint. Nada de nada, en este mundo de negros donde todo parece hacerse mas lento y mas despacio, para coger fuerzas pensando en el manana Estoy en medio de la nada y delante viaja una espanola de Madrid, con nueve anos de residencia, con una hija de un chico que no es marido pero que se la trajo de Espana sin mas recato que el amor y sin mas bagaje que un doctorado en conserjeria hotelera del que aqui nunca pudo aprovecharse porque le faltaba el idioma ingles que ahora tatarea en la guarderia de su hija sin perder contacto con lo espanol y los espanoles que raramente se paran asombrado de ver por las carreteras de Carolina del Sur un toro en medio de una bandera espanola que sin ondear al viento sigue siendo la mejor y mas clara sena de identidad. Y es que en Carolina del Sur he tenido la oportunidad de aprender lo que es una reconliciacon de museo, una reconciliacion de parque o monumento nacional hecha a voces y pregonada a los cuatro vientos de una forma y manera que ya me gustaria hacer intercambiable para paises y paisajes. La historia de los Estados Unidos ha escrito en Fort Sumter una de sus paginas mas amargas e imborrables. Desde Charleston, una excursion en barco se convierte en necesaria alternativa de curiosos. La guerra civil es la cita. La guerra civil que en 1861 los unionistas defendian a vida o muerte en un penote costero convertido hoy como ayer en castillo para la gloria de heroes anonimos a los que este pais rinde homenaje sin saber a ciencia cierta si antes o despues, o ahora mismo, son el Norte y el Sur, el Sur o el Norte, o las dos cosas a la vez. Fort Sumter es diferente a todo. La primera impresion podria ser estar viajando a un San Quitin en miniatura. Todo en Carolina del Sur, puede ser pero no lo es. La ciudad de Charleston es como Nueva Orleans, pero mas pequeno y mas pobre. El puente de Charlenton es como el puente de San Francisco, pero no lo es y ni tan siquiera sera nunca considerado una de las siete maravillas del mundo. Fort Sumter no es San Quintin, pero para su desgracia nunca llegara a ser lo que de verdad es. La imagen de una reconciliacion universal, porque lo que aqui pasa puede pasar en todo el mundo, una imagen de la que pueblos y paises , ciudadanos y naciones debieran aprender aunque al final sea solo una imagen de pelicula y la realidad sean ya palabras que como las banderas pueden ondear llevar el viento. En Fort Sumter, en el siglo XXI, estan en lo mas alto del mastil las seis banderas por las que pelearon y murieron cientos de estadounidenses, las seis banderas que militares confederados y de la union llevaron en su corazon y por las que llegaron a dar su vida los del norte y los del sur. La unica duda es saber si esas banderas son tambien reales como la vida misma, si son banderas izadas al viento en los corazones de todos, si son o no son separatistas o separadoras... Si en tierra firme, como podria ser sin ir mas lejos el madrileno y serrano Valle de los Caidos, podrian alguna vez en sus esplanadas confraternizar banderas del ayer y del hoy y ya puestos/por que no?/ banderas del futuro que escribiremos manana.