miércoles, 27 de mayo de 2009

Latinos a go-go



Han pasado solo unas horas y la cantinela ya está en marcha... The New York Times no puede resistirse al movimiento. Hay que preguntar a los hispanos de Miami, Chicago o Nueva York sobre la propuesta Sonia Sotomayor. Estamos donde estábamos, donde han estado siempre los latinos. La minoria mayoritaria de los Estados Unidos vuelve a hablar por sus heridas. No hay cristiano que pueda pensar que Puerto Rico es igual que México. Ni mucho menos, que un cubano va a sentirse orgulloso porque un mexicano llegue al gobierno de Obama. Ser latino es más que un apellido, serlo en los Estados Unidos es llevar el carnet de identidad en la boca. Sonia Sotomayor es la linea,  pero no el bingo que permita a los analistas recomponer sus pensamientos. Otra vez estamos en las mismas. Los más rápidos en desenfundar hablan de la cuota Obama para con los latinos y su agradecimiento por haberle llevado a la Casa Blanca. Es mentira, pero queda bien para justificar lo que nunca tuvo justificación. Obama no ha contado con muchos latinos por ser negro. Hay que recordárselo a muchos mexicanos demócratas en California que acabaron tapándose la náriz para votar el pasado octubre. La idea de un presidente que favorece a los latinos es siempre socorrida. Funcionó con el último Buch, funciona ahora con Obama. Es la única solución, el necesario espíritu solidario con el que llegar a abrir la caja de los truenos. La asignatura pendiente son  doce millones de sin papeles. Latinos. La administración Obama ha repartido cargos y prevendas. Barack Obama no es tonto. Su travesía por el desierto le ha permitido hacerse con su particular libro de ruta. Hasta después de las elecciones, hasta después de ganar la Casa Blanca, el único que le defendía abiertamente en español era el trasquilado gobernador Bill Richardson. El resto, calladitos o utilizando el inglés como los de Obama usaban a los españoles para sacarles otros colores. La fiesta mas soprendente del Washington demócrata, antes de la coronación del nuevo presidente, fue la fiesta que los latinos organizaron en Union Station el domingo antes del 20 de enero. Todavía ahora algún mexicano recuerda aquel pastiche con particular vergüenza ajena. Obama dió muchas calabazas aquellos días. Problemas de agenda, se decía. Los latinos no vieron a su presidente bailar con la primera dama. Eso fue una primera señal de que los favores se ganan y no se regalan. Aquella fiesta tenía como estrella al español Alejandro Sanz. Muchos latinos no se lo han perdonado, no Alejandro, sí a los organizadores demócratas del presidente. Ser español en los Estados Unidos no es ser latino. Ser mexicano tampoco es ser salvadoreño, ni puertoriqueño, ni hondureño, ni argentino, ni chileno...  Claro que siendo realista, ahora hay que ser coreano para estar en la cabeza del Presidente.