lunes, 2 de julio de 2007

Miiiiiiiiii Caaaaaaaaaaasssssaaaaaa


La casa de papa Bush en el estado de Maine -una herencia materna que adquiria por menos de un millón dolares cuando era vicerpesidente y utilizaba para agasajar en su tiempo –años 90- a británicos como John Major, tiene que ser además de segura ese terreno abonado para bajar la tensión qu abandera las relaciones entre Rusia y los Estados Unidos. Vladimir y George tienen menos de 24 horas para comer langosta, pescarla y tratar de convertir –entre medias- proyectos y palabras duras en posibilidades de acuerdos aunque nunca sean a corto plazo. Un escudo de misiles en Polonia, la independencia de Kosovo en Serbia, las veleidades nucleares de Iran y hasta la reciente visita a Moscu del venezolano Chavez hacen del encuentro en Kennebunkport, una cita con difícil digestión, aunque los buenos oficios de papa George y mama Barbara son siempre tan eficaces como los que la primera dama Laura desplegaba anoche, ayudando a Putin a colocarse la chaqueta de un traje marrón que sin corbata bien pudiera acabar siendo el color del encuentro.