jueves, 5 de julio de 2007

John Edwards, loco por su flequillo


Dios te libre de enfadarte con tu peluquero… y mucho mas si eres candidato a la presidencia de los Estados Unidos. John Edwards esta obligado a digerir y a explicar al personal porque se siente tan bonito y es capaz de pagar por un corte de pelo –no una- sino en mas de quince ocasiones tarifas que rondan los 400 dólares, mas gastos de viaje y hospedaje de ser necesarios. Joseph Torrenueva es ahora el peluquero lenguaraz que contesta cuando le preguntas las verdades del barquero. Su trabajo fue escrupuloso hasta el día reciente que tuvo que desayunarse con las replicas del candidato. John Edwards negaba la mayor, ninguneaba al artista para defenderse de lo mucho que cuesta llevar el flequillo al viento. Torrenueva, peluquero en Hollywood, ha elegido tirar de tijera… decir que desde sus primeros cortes, cuando su cliente quería ser vicepresidente con Kerry, y colaboraba gratis en dar ideas para que la imagen de John ganara madurez aligerando un pelo que por lo demás es extraordinario, el político le ha llamado para acicalarse cuando veces ha querido. Un desplazamiento desde Los Angeles hasta Atlanta –con dos dias de trabajo y ausente de su negocio- lo cobraba a 1250 dólares. Ahora los asesores de la campaña de John Edwards alegan ignorancia de su patrocinado para evitar el escándalo que ya se le viene encima.. Edwards además de pelo y de los cientos de dólares que tiene y que alguna vez pago personalmente, le echa geta. Hace bromas o deja que las haga su esposa querida. Torrenueva habla por su boquita… La ultima visita al candidato fue el pasado 23 de marzo, era justo el día después de que el matrimonio Edwards anunciara que el cáncer de pecho de Elizabeth habia vuelto por su fueros. Joseph Torrenueva no ha podido evitarlo… ese dia viaje hasta el hotel Sheraton Delfina en Santa Mónica, California. "Mi hijo había tenido cáncer, y sabia como podían sentirse!” Confesiones de peluquero -airado profesional- a quien no le importa para nada dejar de cortar el pelo al mismísimo Edwars, un candidato a presidente que aprende a fuego y con flequillo al viento lo mucho que debe respetarse el capricho y el supuesto prestigio de un artista.