lunes, 9 de julio de 2007

La radio o la vida, un robo de verano

Antes de cerrar las maletas, antes de marchar de vacaciones, antes de volver a repasar la lista de cosas que hay que dejar hechas, me han visitado los cacos… pero aquí, en los Estados Unidos y en metrópolis donde el bienestar salta de jardín en jardín con la misma facilidad que las ardillas o los ciervos se pasean por la calle, los cacos son al final de todo gente educada. No rompen cristales, no hacen ruido –como es su obligación, naturalmente- y aunque se amparan en la noche para llevarse lo que la abundancia del tio Sam les deja al alcance de la mano, los casos debo confesarlo son además de tontos muy educados. Vivo como me dicen mis amigos en la zona noble de Chevy Chase, en el estado de Maryland que es en realidad un suburbio de la capital federal. En Chevy Chase las casas están casi todas abiertas y mas ahora que sus dueños sudan la intemerata. Los coches, como las puertas de las casas, se dejan siempre aparcados pero muchos sin cerrar y claro… cuando la necesidad aprieta –pienso en español- que fácil resulta adueñarse de lo ajeno. La policía del condado de Montgomery me acaba de informar cuando fuí a presentar mi denuncia que de un tiempo a esta parte la criminalidad en el area ha subido un 30 por ciento. Los GPS, los dvd, las radios satélites, los últimos gadgets del hombre blanco, incluidos esos tefonillos que además de hablar hacen de todo, han vuelto a levantar aquí una veda que de siempre han presumido mantener atada y bien atada para diestra y siniestra. El secreto: imaginación y muchas peliculas… No hay rejas, no hay ni tan siquiera cerraduras dobles… hay –eso sí- solo el miedo, ese miedo quizas sano y contagioso, que te da derecho a pensar que tu vecino guarda un arma debajo de la almohada. Y tu con estos pelos, te dices, sin la radio que tanto usabas y sin la pistola que de todas formas puedes comprar en el supermercado de la esquina… pero con una denuncia que si ratificas podría llevar aparejada serias consecuencias. Si el chorizo hubiese robado la radio de mi coche en la calle la cosa se habría saldado como hurto, como lo hizo en mi jardín y supuestamente jugándose la vida, la cosa pude acabar hasta en prisión de por vida… Dios mío, que cargo de conciencia para vivir sin rejas y supuestamente sin miedos, si al final debes ratificar una denuncia donde por una radio satélite –con un número personal e intransferible- puede acabar poniendo de por vida a un hombre entre rejas...

1 comentario:

Ángel España dijo...

Guau! Tremenda decisión.