martes, 30 de diciembre de 2008

Dime lo que lees y te diré quien eres

Tenia que pasar... Karl Rove escribía despues de Navidad y en el periódico The Wall Street Journal uno de eso artículos que solo puede escribir un brujo de la gran política. Rove presentaba a George Bush como un apasionado e incombustible lector durante sus ocho años como presidente. La lista de libros que han sido devorados por el actual inquilino de la Casa Blanca resulta sorprendente. Es una lista. Está elaborada con algo más que referencias. Tiene números. Es la sorpresa. Como si George Bush, para Karl Rove, tuviera que vender al peso su pasión por la lectura. El presidente de los Estados Unidos -escribe el consejero del que fue su jefe y señor- ha leido en este 2008 que se acaba más de 40 libros. Pocos, muy pocos, si se hacen comparaciones odiosas con los 91 que terminó leyendo en el año 2006 o hasta con los 51 que devoró el pasado año. Karl Rove se atreve a ponerse tantas medallas como se puso el día en el que confesó a mi amigo Pedro Rodriguez las cajas que llenaba en una mudanza con sus libros. Rove lee mucho mas que Bush, pero Bush -dice Rove- ha tenido y tiene mucho más trabajo por ser un presidente para el mundo libre. Un presidente a quien esta mañana le van a dar (con la ayuda de Karl Rove) un tirón de orejas y unos cuantos consejos para enriquecer su biblioteca. La colaboración viene fírmada por Richard Cohen desde la páginas del periódico The Washington Post. Es un artículo sin desperdicio. Una de esas páginas político literarias en las que a través de los libros se puede llegar a conocer la personaliad de quien los lee. George Bush -dice Cohen, como conclusión y con la ayuda de la lista que Rove aportaba dias pasados- George Bush ha terminado por leer lo que ya sabía. Su selección bibliográfica, pasando incluso por el libro La guerra civil española de Hugh Thomas (donde España es sinónimo de Irak) ha sido siempre un poco más de lo mismo. Cohen no perdona, pero tampoco se corta la mano. La contra-lista es de campanillas. Libros al peso -podrá decirse- pero con una recomendación que resultará fácil de entender y suscribir. George Bush antes de abandonar la Casa Blanca e instalarse en la texana ciudad de Dallas no debería dejar de añadir a su lista de lecturas El Gatopardo de Lampedusa.