viernes, 13 de junio de 2008

Guantánamo, trapos sucios al aire

Guántamo tiene las horas contadas, pero seguro que la prisión que Estados Unidos abría hace seis años en la isla de Cuba, no se va a cerrar ni hoy ni mañana. Guantánamo seguirá siendo un quebradero de cabeza para la administración Bush que solo el día después de la decisión de Tribunal Supremo se encuentra con una patata caliente entre las manos. Los 270 presos detenidos hoy en Guantánamo podrán desde recurrir a los tribunales ordinarios de los Estados Unidos, como hacen los ciudadanos de este pais, en demanda de justicia… Lo primero y mas urgente para muchos de ellos será saber de que se les acusa y cuales son las penas a las que podrían ser merecedores. El ministro y jefe del Pentágono Robert Gates, hace ya meses, explicaba al congreso que la mejor opción es cerrar Guantánamo y repatriar a sus detenidos entre los que son mayoría los ciudadanos yemeníes. El problema es no poder controlar luego su paradero, aun a sabiendas que los motivos y razones para mantenerlos entre rejas –al menos a mas de un centenar- son muy poco evidentes a ojos de la justicia. Los crímenes de guerra de los que son acusados los principales y supuestos cabecillas hay que probarlos y una defensa o habeas corpus del lado del detenido podrá objetar de inmediato que sus confesiones fueron hechas bajo coacción y tortura. Complicando aun más la situación, el Supremo había autorizado con anterioridad –en dos ocasiones anteriores trato la cuestión- la celebración de consejos de guerra como los que ahora se desarrollan –sin ir mas lejos- contra el supuesto cerebro de los atentados del 11 de septiembre y cuatro de sus colaboradores en el banquillo de los acusados. Bush ha hecho saber desde Italia que no se dará por vencido y modificará cuantas leyes sean necesarias para salvaguardar la seguridad de los estadounidenses. Sus palabras pueden interpretarse como una bravuconada porque no ha debido tener tiempo para leerse la frase que el Supremo le ha colocado como primera explicación… la seguridad no puede estar reñida con la justicia, ni con los principios constitucionales que deben incluso reconocerse a los presos de Guantánamo.