martes, 30 de junio de 2009

Irak, punto y seguido

Los fuegos artificiales que se dejan sentir en ciudadades y pueblos estadounidenses no son porque sus soldados vuelvan a casa desde Irak. Esta vez, la semana del cuatro de julio, es suficiente motivo para una celebración que nunca pasará desapercibida. La casualidad o la coincidencia han querido que esta semana festiva sea la que ponga un punto y seguido en esa guerra que -por desgracia y en palabras de presidente- tendrá todavía que aguantar días difíciles. Barack Obama no ha querido hablar desde barcos ni con pancartas a la espalda el día señalado para que sus tropas cedieran soberanía a las fuerzas iraquíes. Es un síntoma, otro cambio en gestos pero no tanto en palabras. La idea de que 140 mil soldados vayan a seguir en Irak borra aquí cualquier tipo de celebración. Los chicos no vuelven a casa, solo se ponen a cubierto o más cerca de donde puede estar el peligro. Las noticias de la guerra de Irak son preocupantes, como casi siempre. Nadie se atreve a dar gato por liebre. The New York Times y The Washington Post son el mejor ejemplo de donde dije digo, digo Diego. Esta vez no hay que ponerse en fila, no hay que ser mejor patriota para explicar y comprender una situación que sigue siendo más que complicada. La violencia que no cesa no ha permitido al gobierno irakí ni adjudicar en pública subasta unos campos de petróleo que a priori deberían conseguir llegar a producir 6 millones de barriles diarios cuando el calendario marque el año 2015. La tercera potencia petrolifera del mundo se cae de vieja y las nacionalizaciones firmadas en 1973 por Sadan Huseim no hay cristiano que las compre si además de inversiones millonarias hay que poner guardias en las puertas de los campos del oro negro. Hasta ahora, tan solo BP y China han sido los primeros y los únicos en ponerse a la fila de lo que quieren sea el principio de un gran negocio. Irak sigue siendo una encrucijada en busca de soluciones. Un pais, como su petroleo, condenado a seguir buscando a su mejor postor. Tarea complicada, incluso porque los Estados Unidos siguen sin renunciar a ser sus mejores amigos y aliados en medio de un mundo árabe donde nunca van a dejar de ser vistos como peligrosos invasores.