sábado, 19 de febrero de 2011

Las revoluciones del hambre

Los politólogos no usan tenedores, por eso cuando el hambre está en los orígenes de una revolución cualquier previsión puede resultar gratuita. La pobreza explica demasiadas cosas aún a pesar de quienes se tapan los ojos y miran hacia otro lado. Egipto y sus más de 85 millones de habitantes han conseguido sumar una renta per cápita de 6.200 dólares. Mentira, son las cuentas de la abuela. Dos de cada cinco egipcios viven por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza. Más de 30 millones no disponen ni tan siquiera de dos dólares diarios. Es la otra cara de la moneda que todavía no ha salido en las televisiones del mundo, la que no enseñan los ejercito en el poder cuando ordenan que la gente vuelva a casa, esa gente-masa que agita banderas con la esperanza de ganarse un currusco de pan después de las mejoras salariales que han pedido a gritos por las calles de El Cairo. La suerte del Egipto sin Mubarak es al final tan poco importante como la Libertad sino va acompañada por un plato de lentejas. Son las revoluciones del hambre las que acaban convertidas en revoluciones de cinco tenedores. Al fin de cuentas, se llamen como se llamen, el miedo acaba inquietando a los dueños de los restaurantes. Pueden decir que esto solo es el principio. Hablar de transición y esperanza. El efecto dominó, el contagio en este mundo en crisis está garantizado. Unos tiran tiros y otros tiran piedras, reyes y vasallos, árabes y judios, musulmanes y católicos, oriente y occidente, terroristas y víctimas... Y solo por un poco de pan y vino con los que poder seguir haciendo camino al andar.