miércoles, 22 de abril de 2009

Vivir de las rentas

Hace poco más de tres meses me obligaba a vivir de las rentas. No era una ilusión. Después de treinta años de trabajo, después de haber hecho de casi de todo, una empresa de comunicación pública ofrecía una tentadora prejubilación a sus mayores. La perita en dulce no era tentadora para muchos. Personalmente me había resistido hasta el último minuto. El miedo al futuro de la radio y la televisión pública y algunas conversaciones con sus actuales responsables convirtieron la oferta en irresistible. Desde el primero de enero vivo de la rentas. Me pagan a medias la llamada y flamante nueva Corporación de RTVE y la Seguridad Social. Son unas medias muy raras, porque es el erario público español (su dinero y el mio) quien paga y desembolsará en los próximos años a unos cuatro mil quinientos prejubilados una cantidad que en presupuesto ronda los 250 mil millones de euros. Este es el chocolate del loro, chocolate que a finales del pasado año empezó a ser demasiado espeso. La Gran Recesión en la que dice el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos toca vivir, ha calentado las cabezas a propios y extranos. Los más próximos, como el gobernador del Banco de España, piden saber minuto y resultado. La propuesta es hacer reformas, trabajar como mínimo hasta los 67 años y evitar el colapso de la Seguridad Social que ha recaudado en el último ejercicio hasta menos de una cuarta parte de lo conseguido en el anterior. España sigue siendo asi diferente. Hay palos y zanahorias, pero como siempre a unos les toca el palo y a otros muchos la zanahoria. Leía con interés y disimulado entusiamo las confesiones que un taxita le hacía en su viaje a mi amigo Ramón Lobo. Ahora nos tocará seguir aquí al pie del cañón mientras a los bancarios los jubilan a los 50 años. Pobre taxita y pobres bancarios a los que nos sumamos otros. Las ideas que esta manana ha vuelto a pregonar el Fondo Monetario Internacional caen del lado de los pesimistas. Son malos tiempos para quienes trabajan con la espada de Damocles sobre sus cabezas y para quienes aprendemos a vivir de la rentas con prisas pero sin pausas. No hay mal que cien años dure. El razonamiento es incuestionable, solo falta saber como puede arreglarse a más corto plazo el desaguisado. Para todos, y no solo para unos pocos.