miércoles, 15 de septiembre de 2010

El té engorda



Unas elecciones primarias en los Estados Unidos calientan siempre la temperatura política. Los electores definidos como demócratas o republicanos -algunos estados admiten incluso a los independientes - son llamados a elegir entre contendientes afines. No hay listas cerradas, no hay candidatos a dedo, aquí se deja que las bases y los simpatizantes voten a quien consideran mejor cabeza de cartel. Este 2010, la afinidad entre la familia republicana pasa por el té y por esa nueva redefinición de la cultura conservadora. Hay té y pastas para rato. Los ultraconservadores se han echado al monte. Son cientos de miles pero crecen como los hongos. Su ideario es tan elemental y pegadizo como asombroso resulta el silencio de los demócratas. Una idea tan simple como recuperar del socialismo a los Estados Unidos acaba siendo verdad para millones de oidos. No hay debate, solo machacona insistencia en los argumentos. Así es como el té engorda. Las elecciones primarias de este pasado martes han dejado claro que no es el silencio la mejor arma para combatir la sin razón. El llamado Tea Party ha vuelto a dar la campanada. Ya tienen aspirantes a sentarse en el Congreso de los Estados Unidos, aspirantes para gobernar estados como New York, y todos ellos capaces de hacer de la reconquista un ideario contagioso. Después de Utha, Alaska y Kentucky ha llegado el suma y sigue. Siete estados de cincuenta pueden tomar té en noviembre. Los demócratas creen que es el centro y la moderación la solución a tanta locura política. Pero el Tea Party se rie hasta de los conservadores de toda la vida. Vuelven a la cantinela conocida. Son dueños del anti todo de todo. Se oponen a pagar impuestos como los que debía hasta antes de ayer la candidata del té que quiere hacerse con el sillon senatorial que fuera del vicepredente Biden. Delaware es la mejor radiografía de lo que provoca el tomarse a broma el movimiento del que Sarah Palin se ha convertido en estandarte. Chistine O´Donnell tiene 41 años y un rosario de extraordinaria fraseología para haber dejado en la estacada a un republicano de toda la vida. Su imagen -que no sus argumentos- tienen un antes y un después. Han pasado nueve meses desde este primer video hasta la entrevista que anoche concedía victoriosa a la todopoderosa CNN. O´Donnell ya no es la misma. El socialismo no engorda tanto como el té que ella consume. Si los estadounidenses hubiesen sido como son, su carrera electoral hubiera terminado cuando en el año 2005 fue multada con 12 mil dólares por estafar a Hacienda . O´Donnell es única, incluso para que no le haya pasado nada por retrasar en 2008 los pagos de su vivienda. Ahora solo falta saber si los republicanos de siempre -como el derrotado y moderado Castle- se suben al carro de los elegidos. Es la prueba para saber si en casa del herrero hay que utilizar cuchara de palo. Es la prueba del té, una prueba para la que muchos buscan unas gotitas de leche para no desinflar las pretensiones republicanas y no dividir a los herederos de Ronald Reegan. Las mayorias están en juego y el té puede alterar tanto los resultados como las básculas.