jueves, 29 de enero de 2009

Washington, nieve, colegio y lluvia de millones


Dicho y hecho… Las niñas vuelven hoy al cole después de que papa mostrara en público su extrañeza de ver como dos copos de nieve dejan a sus hijas en casa. El presidente ha llegado a Washington desde Chicago y no esta acostumbrado a pasar por estos trances. Nevar en la capital federal de los Estados Unidos es algo muy serio. Todo es acostumbrase o tirar de cartera para que lo que es normal es Chicago pueda ser casi normal en una ciudad donde las arcas municipales no son capaces ni de quitar la nieve. Barack Obama es nuevo en la plaza. Novato en esas pequeñas cosas mundanas que pasan cada día por llevar a los peques a la escuela. No es lo mismo subir a votar a la Colina del Capitolio que coger el autobús escolar a la vuelta de la esquina. Malia y Shasa llevan tres días encerradas en la Casa Blanca. Un día hicieron pellas porque estaban cansadas. Sus papas tuvieron que ir de fiesta en fiesta y todos regresaron a casa demasiado tarde. Ahora es la nieve la que hace estragos. Aunque no hay mal que por bien no venga. Sus señorías pueden aprobar un plan de ayuda mil millonario, aunque las hijas del presidente no vayan al cole por la nieve. Los republicanos siguen en sus trece, en la oposición, pero sin sacarle punta al frío ni al colapso que la caida de dos copos y una helada morrocotuda ponen en jaque a la vida capitalina. Barack Obama hace como que no se entera, pero toma nota mientras visita el Pentágono como su comandante en jefe. Hasta la web que tiene de su oficina publica su primera historia en español. Hay nieve en la calle, pero chimenea en el despacho oval de la calle Pennsylvania. Estados Unidos echa humo mientras respira. El frío es la primera explicación a tanto desaguisado. Y por su era poco, hasta el Fondo Monetario Internacional se atreve abrir el congelador de los informes. El crecimiento a futuro está como el tiempo. Hielo, mucho hielo a la vista y alto riesgo de romperse la crisma. Está claro. Hay días que la meteorología hace estragos, incluso para que un presidente sea capaz de sorprenderse porque sus hijas siguen obligadas a quedarse en casa.