sábado, 31 de enero de 2009

Obama repite en la Super Bowl

Obama vuelve a hacerlo… Estará en los anuncios de la Super Bowl para dirigirse a los soldados estadounidenses en misiones en el exterior. Misiones es el eufemismo de guerra, pero Obama sabe como apañárselas. La cita es en Tampa, estado de Florida, en el que se supone el mayor espectáculo del mundo. La final del fútbol americano pueden llegar a verla unos 100 millones de estadounidenses, sin contar los ciudadanos del mundo que se apuntan a ver tambien los balones fuera. Aquí y ahora no son pepinos sino anuncios publicitarios lo que está en juego. La cadena NBC dice que sus tarifas para tan magno acontecimiento son de tres millones de dólares por cada treinta segundos. Cuánto tiempo hablará Obama es un misterio, tanto como saber con que atención van a seguirle esos hombres y mujeres de uniforme que desde Afganistán o Irak estarán frente al televisor comiéndose pizza y bebiendo cerveza como manda la tradición. Lo menos importante para Obama será si ganan los veteranos Steelers de Pittsburgh (sus favoritos) o los novatos Cardinals de Arizona. Por no saber, no es importante ni saber cuántos de esos 75 mil espectadores que vivirán el partido en directo han pagado oficialmente hasta 5 mil dólares su capricho de última hora. Qué importa incluso que sea Bruce Springsteen el encargado de amenizar un descanso que hiciera famosa en su día la teta de Janet Jackson. Barack Obama vuela alto. Sabe que una transmisión de la Super Bowl acaba siendo para las empresas de medición de audiencia uno de los 23 de los 50 espacios mas vistos de la televisión. Abogados de la Casa Blanca estudian ya como limitar la imagen comercial del presidente. Pero la vida sigue. Obama, el primero en muchas cosas, no ha conseguido todavía ser el político más visto por la caja tonta. Este domigo, sentado en Casa junto con un grupo de 15 congresistas, conseguirá su propósito con la Super Bowl. Otra cosa diferente es que entre col y col puedan verse lechugas. Los anuncios de este año, como los patrocinadores del gran evento, han cambiado y son diferentes. La crisis llama a las puertas de casi todos, menos de esos valientes que sin ser ya conejitas de Playboy o coches estadounidenses estilo Ford siguen atreviéndose a decir aquí estoy yo con mis soldados.