jueves, 5 de septiembre de 2013

Siria y el póker

John McCain ganó en la comisión de exteriores del senado pero perdió al póker en el juego virtual que disputaba en su iphone. McCain ha conseguido  dar al gobierno del presidente Obama autorización limitada para aplicar el uso de la fuerza en Siria, pero el senador republicano por Arizona se sacó un as de debajo de la manga. La condición del ataque, pasa por  ¨degradar¨  al régimen de Bashar el-Asad. McCain ha sumado su voto al de los diez senadores guerreros (siete demócratas)  que frente a otros siete (dos demócratas) han abierto una primera puerta.  La puerta al examen que sus compañeros en pleno harán a la vuelta de vacaciones a la más que posible guerra contra Siria.
     Hasta el regreso al trabajo en el Capitolio, el próximo nueve de septiembre, los padres de la patria viven un descanso no exento de sobresaltos. Cuando no son los tambores de guerra, son los números rojos y ese llamado recorte fiscal (secuestro) los que asaltan  sus sueños. Cuando se levantan, no dejan de oir un coro de sin papeles y emigrantes dispuestos a recordarles sus muchas obligaciones. Y antes de irse a la cama, los congresistas estadounidenses ven como sus conciudadanos les niegan el pan y la sal convirtiéndoles en la instuitución más vituperada del elenco nacional…
  No está el horno para muchos bollos, ni aunque el presidente Obama sea capaz de poner los pies encima de la mesa de su despacho oval y la Casa Blanca nos lo enseñe en foto oficial que da la vuelta al mundo. Obama no está de vaciones como sus señorias.  Lo estuvo –es verdad-  pero regresó para coger los toros por los cachos. Habló al mundo en sabado, para decirnos que no había vuelta de hoja. Nos dejó con el agua al cuello, pero después y sin salir en las fotos,  se fue a jugar al golf con el vicepresidente Biden que le había acompañado en la tarea.

  El sueldo de un presidente, como el de su vicepresidente, y hasta el de los representantes de los ciudadanos estadounidenses llevan incorporados todos esos trances. Los actos públicos y hasta los privados pueden ser codiciados objetos del deseo. Si un pie encima de la mesa del despacho oval llama tanto la atención como lo que puede estar debajo de la mesa, no debería extrañarnos que un senador juegue al póker de forma virtual en su  iphone  y hasta que pierda mientras se discute hasta dónde castigar a los sirios por haber sido gaseados.