viernes, 8 de julio de 2011

Rubalcaba

Conocí a Alfredo Pérez Rubalcaba en un bajo del barrio madrileño de Moncloa cuando era considerado un aprendiz a la sombra de quien parecia ser el profesor de verdad. No, no hablo de Enrique Tierno Galván, que tambien, aunque el chico a su sombra siempre reivindicó ser José Bono. Estoy recordando a un ministro llamado Maravall a quien consideraban allá por los ochenta un tapado llamado a solucionarnos la vida. España siempre ha tenido tapados, lo peor es que para desgracia de todos los tapados nunca acabaron siendo primeros espadas. José María Maravall se fue de la vida pública tan callando como Alfredo Pérez Rubalcaba siguió subiendo... o bajando porque nunca se sabe. Años más tarde, después de que la vida diera muchas vueltas, Rubalcaba se habia hecho en la oposición un hueco de portavoz del que se aprovechaban todos. Hasta el propio Rubalcaba, que si algo no ha conseguido es ver al Real Madrid campeón de liga en las tres ultimas temporadas y ser llamado Alfredo a la hora de convertirse en el próximo candidato a presidente del gobierno constitucional de España. Rubalcaba se ha quedo con esas ganas, tantas como las que dentro de unas horas dejará colgada en la página web de campaña. Alfredo, dicen sus publicistas de cabecera, es Rubalcaba. Y Rubalcaba es -después de un punto estilo Blas- escuchar, hacer y explicar. Lo siento, pero se me ha quedado corto, tan corto como esas primarias que no fueron o la ahora tan cacareada salida del gobierno. Rubalcaba en su escuchar, hacer y explicar se ha llevado por delante una forma de hacer gobierno. Falta saber qué formula mediática añadirá a su eslogan este doctor en química a punto de convertirse en candidato a la presidencia del gobierno. Todo se andará, pero en las formas se empiezan por marcar las diferencias. Zapatero convirtió las siglas ZP en marca sustitutiva del que acabo siendo un reconvertido partido socialista. La historia jusgara a los unos y a los otros. A los de antes, que se quitaron el apellido marxistas para evitar sarpullidos, y a los de ahora, capaces de identificar socialismo con un presidente y secretario general del PSOE que -tras el quiero y no puedo- acabará dejando a España camino de los seis millones de parados. Si Pablo Iglesias levantará la cabeza ni las alquimias modernas podrían mantenerle vivo. Los socialistas del siglo XXI han dado buen ejemplo de lo que no debe hacerse con la gestión pública. Tan buen ejemplo como los afortunados peperos a los que mas les valdría estar callados y tentarse las ropas antes de tirar cohetes en estos tiempos donde la crisis se ha puesto al mundo por montera. Escuchar, hacer y explicar es poca tarea para terminar con la politización de todo lo que oimos, vemos y tocamos. Escuchar, hacer y explicar no será la formula mágica con la que terminar con los privilegios y el choriceo galopante que dan todos carnets. Escuchar, hacer y explicar no es el slogan para el partido que sigue en el gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba recordará las ilusiones que treinta años atrás se respiraban al grito de cambio. Me niego a pensar o insinuar que cualquier tiempo pasado fue mejor pero a la España del euro, no le vendría nada mal utilizar aquel sueño-cartel de una plaza jardín para hacer guiños a la realidad.

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