Mostrando entradas con la etiqueta Libertad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libertad. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de febrero de 2011

Las revoluciones del hambre

Los politólogos no usan tenedores, por eso cuando el hambre está en los orígenes de una revolución cualquier previsión puede resultar gratuita. La pobreza explica demasiadas cosas aún a pesar de quienes se tapan los ojos y miran hacia otro lado. Egipto y sus más de 85 millones de habitantes han conseguido sumar una renta per cápita de 6.200 dólares. Mentira, son las cuentas de la abuela. Dos de cada cinco egipcios viven por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza. Más de 30 millones no disponen ni tan siquiera de dos dólares diarios. Es la otra cara de la moneda que todavía no ha salido en las televisiones del mundo, la que no enseñan los ejercito en el poder cuando ordenan que la gente vuelva a casa, esa gente-masa que agita banderas con la esperanza de ganarse un currusco de pan después de las mejoras salariales que han pedido a gritos por las calles de El Cairo. La suerte del Egipto sin Mubarak es al final tan poco importante como la Libertad sino va acompañada por un plato de lentejas. Son las revoluciones del hambre las que acaban convertidas en revoluciones de cinco tenedores. Al fin de cuentas, se llamen como se llamen, el miedo acaba inquietando a los dueños de los restaurantes. Pueden decir que esto solo es el principio. Hablar de transición y esperanza. El efecto dominó, el contagio en este mundo en crisis está garantizado. Unos tiran tiros y otros tiran piedras, reyes y vasallos, árabes y judios, musulmanes y católicos, oriente y occidente, terroristas y víctimas... Y solo por un poco de pan y vino con los que poder seguir haciendo camino al andar.

viernes, 7 de marzo de 2008

¿Por qué nos callamos?

Hace cuatro años gritaba de rabia. Hoy vuelvo a sentir vergüenza. Los asesinos han vuelto a conseguir que mis compatriotas vuelvan a votar en silencio. Estamos de luto. Isaias somos todos, como hace cuatro años todos tambien estabamos en Atocha. España sabe callarse solidariamente contra el terror. Mi país no elige presidente, vota a partidos y los partidos vuelven a suspender lo que llamamos el cierre de campaña como mejor imagen de solidaridad. Perdón, pero no lo entiendo. Ganan ellos, como ganaron hace cuatro años unos dinamiteros asesinos. La fiesta de la democracía, el derecho demócratico de votar, se vive en el mundo de muy diferentes maneras. En los Estados Unidos, he aprendido otro respeto fundamental al ciudadano. Se le reconoce la inteligencia. La capacidad de decidir por si mismo. Están aqui muy de sobra los silencios y mucho mas las jornadas de reflexión. Votar en los Estados Unidos sigue siendo una fiesta y si hay que vestirse de luto entonces hay que hablar por los codos, como hacemos en España y como deberiamos seguir haciendo cuando los asesinos quieren que nos callemos. Salman Rusdhie escribía pocos dias después de los atentados del 11 de septiembre del 2001 una receta magistral. Necesitamos salir a la plaza del pueblo a cara descubierta. Hablar en el foro. Comer bocadillos de jamón en la plaza pública. Vestirnos con camisa y vaqueros. Nuestra única atadura debería ser la libertad. Nuestro mejor luto, la palabra. Y eso, por desgracia y una vez más, quedará para después de que hablen las urnas. Una pena, porque aunque las comparaciones sean odiosas, los españoles con atentado de asesinos y hasta sin atentados deberíamos reivindicar las palabras y todo aquello que nos ayude a ser ciudadanos inteligentes con más reflexiones en voz alta y muchos menos silencios.