
Las noches de fútbol en el Nou Camp tienen muy poco que ver con las noches del Gamper. Esta noche fue diferente, tan diferente que fue la primera en la que Enya y Mario se apuntaron a vivirla en directo desde las gradas de un estadio compartiendo ilusiones. Lo menos importante, el resultado. Jugaron los chicos de la cantera frente a un Manchester City que dicen recogerá en Europa la antorcha encendida por el Chelsea. Barça de Pep con presentación a la catalana. Fue un quiero y no puedo, pero para mis chicos suficiente. Estábamos en el Camp Nou y nos lo habíamos ganado a pulso. Pasamos por taquilla, las taquillas que en un abrir y cerrar de ojos vendieron cerca de 98 mil entradas. Todos pagan porque la causa humanitaria se lo merece. Camiseta de estreno y camiseta única para la ocasión. Cambios y mas cambios. Un fiesta con sabor agridulce por el resultado y mucho peor entre bambalinas. Lo que no se ve, lo que no sale por televisión es deplorable. Agua caliente a 38 grados. Colas insoportables para llegar a la nada. Perritos calientes, lomos o butifarra para esconderse en entrepanes que se abren a mano. Dinero, euros que van y vienen entre el color blaugrana de una noche ardiente. Esto es lo que siempre marcará las diferencias. La improvisación al poder y nunca más una reclamación que pueda sobre pasar a la mala leche. Es este el país de la inocencia. Todo es posible, hasta pasar una noche de lo que pudo ser fútbol en las gradas del Nou Camp. Una noche en Barcelona, una noche en medio de la llamada crisis que tambien ha cerrado por vacaciones.