Video chat rooms at Ustream Vivo a miles de kilómetros del país que me vió nacer pero estoy pegado a lo que allí pasa por una extraña necesidad de superviviencia. Sigo las noticias de España por periódicos, radios y televisiones. Buceo en internet y en redes sociales dimes y diretes. Estoy al día, pero en la distancia. Fui corresponsal y ahora necesito de corresponsales. Me veo en la necesidad de confiar en otros primeras impresiones o sobresaltos. Definitivamente estoy lejos y a veces perdido. Me falta tomar el pulso real de la cosas, vivir en la calle, compartir alegrias o cabreos. Esa es la virtud o la gran desgracia de ser vecino. A falta de pan, buenas deben ser tortas. Vivir informado tiene sus consecuencias. No sale gratis, hay que aguantar y a veces mucho. Este sábado de mayo, ha dejado de llover en Washington DC y ha salido el sol. Es lo mismo que pasa en esa plaza donde está instalado el kilómetro cero de todas las carreteras radiales de España. Es la distancia, no me entero. Hay ruido y tengo permenentemente un ojo abierto a través de ustream. Ya veo y escucho lo que pasa en la madrileña Puerta del Sol. Mis corresponsales -tantos y tantos informadores compañeros de oficio- me cuentan lo que ven pero poco me dicen lo que pasa. Hay siempre ingenio e ingeniosos para todo pero hasta los que tienen espíritu de abuela y comen a todas horas siguen sin dar en el clavo. No hay quien todavía haya sido capaz de poner el cascabel al gato. Nadie sabe lo que piden los indignados y frustrados españoles que desde el 15 de mayo acampan en plazas y avenidas. Explicarlo es como explicar eso que viven todos los vecinos de España. Y contarlo a los que viven fuera debe ser difícil si además tampoco los que pueden contarlo se ponen muy de acuerdo. Esa es la revolución que protagonizan mis compatriotas españoles. Como siempre, saben lo que no quieren pero se vuelven muy espesos cuando tienen que explicar por qué apuestan y qué es lo que de verdad quieren. Somos así y hemos sido así desde hace siglos. Nos han dicho que fuimos el país más poderoso del mundo pero nadie nos ha explicado por qué dejamos de serlo. Seguramente, para empezar a comprenderlo hay que salir de acampada a las ilegales acampadas de las plazas de España. Es el mundo al revés, un mundo donde la leyes están hechas y se dictan para no cumplirlas. Nos reímos del Constitucional, del Supremo y del juez Garzón... Nos pasamos por el arco del triunfo al Monarca, a los políticos y a quienes hoy buscan en una carcajeante jornada de reflexión la confianza electoral. Seguro que hay remedio y solución aunque no lo parezca. Al menos, ya hemos descubierto el espíritu. El espíritu del 15 M, el espíritu de ponernos al mundo por montera. Esa fórmula magistral, pácifica y contestaria de expresar hasta dónde uno está hasta los cojones sin más solución que la maldita continuidad...
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sábado, 21 de mayo de 2011
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