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martes, 27 de octubre de 2009

Fútbol y política


Las ausencias acaban siendo la mejor garantia de los éxistos. El fútbol brinda esta semana sus mejores ejemplos. Los equipos grandes visitarán a los más modestos en la Copa del Rey. El Barcelona viaja a León con sus segundos espadas.Es lo mismo que en antaño, cuando los leoneses fueron cantera del barcelonismo. Los reservas y sus jugadores del filial son en realidad figuras en el banquillo comparadas con quienes casa semana sudan la camiseta en equipos inferiores. La liga de fútbol en España es como la vida. Hay que conseguir la victoria y ahora se demuestra que nunca es a cualquier precio. Una pelota tiene como la caja de muchos ayuntamientos españoles secretos a voces. No hay que generalizar, pero la tentación está que ni cantada. No todos los clubes ni ayuntamientos son iguales ni tan siquiera en la fórmula de adquirir slogans. De un tiempo a esta parte, el Barcelona es capaz de sorprender siempre. Incluso sin hacer ruido y tan solo con buscarse en internet su tarjeta de presentación. Ahora Guardiola y sus colaboradores venden un curso para jugar como sus estrellas. Nike lo subvenciona y lo paga. Solo hay que comprar botas para conseguir una clave. Casualidades. Es casi lo mismo que hace la justicia cuando entra en las casas consistoriales. El espectáculo salta a la vista de todos los mortales. Hay figuras deportivas y figuras políticas al mismo nivel. Politicos y deportistas capaces de atrapar las atenciones del pueblo. Messi es tan escurridizo como Zapatero. Puyol tapa tantos huecos como Rajoy. Las broncas de Eto son como las que se montan Esperanza y Alberto. Ladrones, o supuestos ladrones, en todas partes. Nos dejan boquiabiertos. Los espectadores hacen la ola. En el Camp Nou sueñan con repetir el difícil triplete. En la calle, mientras, nos seguinos frotando los ojos ahora que nos hemos acostumbrado a vivir sentados.

domingo, 10 de mayo de 2009

Barça

Será la décima, incluso la duodécina... No es el Barça el único que me ha regalado títulos, lo confieso, per hoy llego a la décima sino a la duodécima. El futbol imprime carácter. Hay quien lo acepta y sigue siendo como antes. Lo mismo sucede al contrario. El secreto es ser siempre libre y cuanto menos parecerlo. Este domingo el Barça puede acabar siendo campeón de la Liga. Es un título, un título más para colgar en esas vitrinas del Museo más visitados de la ciudad condal. El fútbol del Barça ha conseguido marcar diferencias. Es bueno, es recomendable y debería servir de ejemplo. El deporte, hasta el fútbol, resulta ser siempre todo lo contrario. En pocas horas, el Nou Camp volverá a ser el vivo retrato de las malas costumbre. Ni el seny catalán podrá sobreponerse a la que es ley de la selva. Recibirán a los futuros campeones con himno y ovación de los que marcan época. El Barça ha regresado de Londres con media Copa de Europa y un milagro llamado Andrés Iniesta. Todo es fiesta en la grada, todo es pan y circo en la familia culé. No falta casi nada, pero sobrarán los pitos y la bronca a los deportitas del equipo rival que por los pelos no se han visto obligados a hacerle el paseillo al lider. Los campos de fútbol acaban siendo como la vida. No se admiten medias tintas. Hay que ser bueno o malo. Elegir siempre bandera y colores. Huir mirando hacia adelante y dar caña, caña al mono en ese sueño hacia el imposible. El fútbol del Barça es hoy el mejor fútbol del mundo. Hay que asumirlo pase lo que pase, pero sin dejar de reconocer tambien que fue fútbol cinco estrellas aquel que siempre llenaba ilusiones particulares e infantiles. Ilusiones y sueños como los que a la postre van haciéndonos vivir el día a día. Fútbol de ensueño aquel de Gento III en la palentina Balastera. Fútbol de honor el que jugaban y juegan en la maragata Eragudina. Fútbol de primera y de campeones el de Atocha con Arconada. Fútbol y Deporte, con mayúscula, para poder aplaudir a todos y cantar hasta quedarse ronco un gol de López Ufarte, de Cruyff y de su Barça... Goles siempre y goles con los que alcanzar titulos, aplausos, honores y... sueños. Esa debe ser la razón de que el fútbol acabe siendo un Deporte muy apto para energúmenos. Es la guerra más sofisticada con la que no se evitan las guerras. Contradicciones y verdades en un campo de juego. Gentes de bien, en todo caso, que incluso cuando están a punto de saborear la víctoria de los suyos pitan y abronca a cualquier rival como si en ello les fuera la vida. Esta tarde celebraré la décima, quizas sea la duodécima liga de mi vida... pero intentaré aplaudir y entusiasmarme con lo que sabe y hace el rival. Hasta lo que no hace. Esa debe ser la suerte de haber sido socio con carnet de equipos diferentes. Eso ha marcado mi existencia. Me rió de los carnet y me rio de los que no saben buscar colores e ideas diferentes. Esa debe ser mi culpa, pero tambien la razón de que hoy celebre la décima, quizás la duodecima liga del equipo de mis sueños. Esa debe ser la única explicación para que esta tarde vuelva a ponerme en pie, la razón para aplaudir y vitorear al socio del Real Madrid, a los socios de tantos clubes de España, que como ayer, como hace una semana, como hace una liga, siguen levantándose y aplaudiendo al futbolista o al equipo de colores rivales que hace futbol. Fútbol, como el Barça de Pep Guardiola.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Barcelona, más que un club

Fue primero mi amigo y hermano Ferrán Adriá el elegido de los dioses. Aquella primera página con reportaje daliniano del dominical del periódico The New York Times abrió en este lado del Atlántio la atracción por lo español. Sigueron luego los honores de Almodovar y la pleitesia del presidente Aznar. Ahora todo es diferente, aunque el Rey de España haya lanzado en su último mensaje navideño el reto de abrir un nuevo talante en las relaciones hispano estadounidenses. La tarea del nuevo impulso español, con Obama o sin Obama, no será plato fácil de digerir. La política exterior de los Estados Unidos no sale escrita solo desde la Casa Blanca y suele ser uno de esos asuntos de estado donde demócratas y republicanos presumen de hacer pactos sagrados en los que resulta siempre difícil poner los pies fuera del tiesto. Cierto es que el presidente George Bush se ha pasado tres pueblos, pero los ideólogos de las accciones preventivas y del convertir la acción diplomática en ordeno y mando gozaron siempre y por lo general de los beneplácitos del Congreso. Hasta aquí el pasado, el presente por fortuna para España se pinta de color blaugrana. Es la otra pica en Flandes a la que se ha sumado esta Navidad esa guía sagrada de la información que sigue siendo para muchos The New York Times. El periódico con más influencia del mundo se descuelga con una muy documentada historia donde el balón se convierte en el mejor embajador de sueños e ilusiones. Hay que jugar como el Barcelona de Pep Guardiola, un equipo de ensueño a quien el más joven entrenador de la pimera división del futbol español ha conseguido imprimir el carácter del cambio. El Barcelona sigue hoy más que nunca siendo más que un club. The New York Times hace ahora que no hace historia. Los números mandan, el entusiasmo está a flor de piel. La nueva filosofia culé es huir de las individualidades y hacer del juego en equipo el remedio a pasados males. La historia es caprichosa, tanto como para que Braden Phillips, el autor de la loa barcelonista, no pueda resistirse a buscar en Francisco Franco el principio de un carácter que ha conseguido con el paso de los años dibujar el presente. Es la lectura especial y particular de un éxito, una manera de hacer fútbol, de entusiarmar a la masas como puede entusiasmar un libro al lector empedernido. Una manera de hacer política cuando el cambio llama a las puertas de una Casa Blanca. Cuando el mundo -paradoja- empieza a ser menos blanco para teñirse de blaugrana.