lunes, 16 de julio de 2007

El vertice polinésico

El Centro Cultural de la Polinesia abre al turista trotamundos la puerta hacia lo desconocido. La curiosidad y dolares frescos van a ser el primer requisito para demostrar que todavía la sección femenina –lo que podría en España ser la Asociación y Descanso del siglo XXI- tiene su razón de ser y existir en un planeta sin complejos. El Centro Cultural de la Polinesia está camino del norte de la isla de Ohau, en la carretera 83. Una carretera pegadita al mar, al que miran casas modestas, templos religiosos /el más inponente es el de los mormones/ y puntos de obligada visita para excursionistas de grupo y manual. La mejor explicación para este tipo de aventureros se puede observar en una de las cientos de Plantaciones de nueces Macadamia. Si el tiempo y las ganas no lo impiden, la visita a vuela pluma se hace recomendable. Es un tugurio donde puedes picar producto si no llegas a la falsa conclusión de afirmar que la nuez macadamia es el producto nacional más representativo de las islas hawaianas. La visita a la granja permite tambien hacer aguas, refrescarse con zumo de coco natural y probar la piña mas dulce que /no muy lejos y como atracción para niños y mayores/ produce y comercializa la Plantación Dole. Lo más de lo más -en este lugar que solo puede ser de paso- donde turistas necesitadas piden a fornidos hawaianos fotos sugerentes que no se hicieron en un tour donde se incluyen abrazos y agua hasta los pies para demostrar que los pecados con humedad siempre quedan limpios para el recuerdo. La Polinesia es por eso un pecado, un montón de islas, archipélagos en el Pacífico, que algunos ni se atreven a contar pero que otros dicen llegan a sumar mas de 140. Hawai esta en uno de los tres vertices de un imaginario triangulo que con 30 mil kilómetros cuadrados a cada lado encuentra su necesaria replica en Isla de Pacua y Nueva Zelanda. Ese monton de agua y tierras menudas comparadas con la inmensidad del Pacífico que las baña fueron durante siglos islas milagrosas para cientos de pobladores que tuvieron como origen la mismísima Indonesia. La otra cara del mundo descubre en el Centro Polinésico que nunca habiamos estado solos. La cultura de islas tan singulares como las Fénix, Línea (Kiribati), el Archipiélago de Tokelau, Tonga, Tubuai, Marquesas, Wallis y Futuna o Samoa abren los ojos al descubrimiento de cómo se las han gastado españoles, portugueses, ingleses, franceses y mucho despues estadounidenses que en nombre de la paz han llegado a preparar la guerra como mejor demostración de estar en tierra de sueños y ensueños. Los bailes tradicionales que entre agua y fuego te brindan a diario y de noche en el escenario del Centro Cultural Polinésico van a ser la mejor mercancia que llevarse de este viaje a lo desconocido. La mujeres que bailen el hula rompiéndose las caderas son la mejor cultura de bolsillo para nuestra memoria. Como los galanes, polinésicos que aquí se presentan como guerreros y cazadores colosales. Cuerpos bronceados y tostados, a veces tatuados, enseñándose sin recato. Claro que al fin de cuentas, antes o despues, siempre, tus ojos acabarán posándose en ellas y en sus largas melenas que se balancean al viento antes de poder descansar en ese punto donde la espalda pierde su nombre.